Al no ser digerible ni absorbible, no es un nutriente. Teniendo en cuenta esto, se podría pensar que la fibra es un componente poco útil, pero los estudios demuestran todo lo contrario.
La fibra tiene cierto metabolismo en el colon. En nuestro intestino grueso vive una masa microbiana formada por más de 500 especies de bacterias diferentes, que se interrelacionan entre ellos y crecen y viven a partir del substrato que les entra por el intestino delgado.
Las bacterias usan la fibra alimentaria y otros sustratos como fuente de energía y poderse multiplicar. La fermentación de la fibra produce ácidos grasos que la bacteria no usa y absorben las células del colon, y gases como el metano, hidrógeno y dióxido de carbono, que mejoran la motilidad intestinal pero son molestos.
Aspectos y funciones de la fibra:
- Aumento del volumen de las heces: facilitando la función evacuativa y prevención del estreñimiento.
- Regulación de la velocidad del tránsito intestinal: menor absorción en el intestino grueso, menor tiempo de permanencia de posibles substancias cancerígenas en el colon.
- Disminución de la velocidad de absorción intestinal: disminuyen la velocidad de absorción de la glucosa, produciendo un efecto positivo en personas diabéticas.
- Fijación de los ácidos biliares: formados por colesterol, una vez han ayudado en la digestión de las grasas, son en gran parte reabsorbidos. La fibra impide esta reabsorción, disminuyendo el colesterol plasmático.
- Fermentación microbiana: aumentando el volumen de las heces.
Efectos adversos de la fibra.
El consumo habitual de fibra, aumenta la excreción de algunos elementos químicos esenciales como el calcio, el hierro, o el zinc.
Mientras que la ingesta sea la adecuada, esta situación no tiene porque generar ninguna problemática.
La fermentación de la fibra por parte de la flora del colon genera una serie de gases (meteorismo), que puede originar molestias a algunas personas.
Algunos tipos de fibra están contraindicados en diversas enfermedades del tracto digestivo, ya sea por su carácter de irritante físico de las mucosas dañadas o por su capacidad de provocar diarreas en ciertos estados.



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