Prácticamente todos hemos escuchado alguna vez que la
respiración profunda es muy útil para relajarnos y aliviar el estrés. Y realmente lo es, pero mucha gente no sabe
cómo respirar profundamente.
No sabe
cómo aquietar la mente y las emociones,
y cómo calmar las tensiones musculares que restringen nuestra
respiración (tensiones en la espalda, el abdomen, el pecho y el
diafragma). Así que muchas veces
intentamos hacer una respiración profunda buscando alivio, y si nos forzamos
resulta todo lo contrario, acabamos más nerviosos y tensos de lo que
estábamos.
Es importante que aprendas a relajar tu mente y tus
emociones, y liberar la tensión de tu cuerpo para mejorar la salud y ampliar tu
capacidad respiratoria.
Este es un camino
accesible y seguro para aliviar el estrés: ALARGA LA EXHALACIÓN.
Sólo concéntrate en alargar cada expulsión de aire. Alárgala poco a poco, cada vez más, hasta
conseguir que dure más tiempo que la inspiración.
No tienes que hacer nada más que ir contando los tiempos de
tu inspiración y de tu exhalación, y procurar primero que se igualen, y luego
que el tiempo de expulsión del aire sea cada vez mayor.
Siente cómo el aire entra y sale de tus pulmones cada vez más lenta y suavemente, y en cuanto
puedas, respira con la nariz (lo cual también ayudará a alargar los tiempos de
respiración).
No prestes atención a la inspiración, sino a la
exhalación. Cuando acabes tu exhalación,
detente un segundo, y verás como la inhalación se produce espontáneamente, sin
que tú intervengas.
Repítelo varias veces y siente cómo el estrés desaparece y
te relajas.
Esta técnica de respiración activará tu sistema nervioso
parasimpático, que es el responsable de la relajación tanto corporal como
mental. Se trata de un ejercicio seguro y sencillo, que puedes practicar
siempre que quieras y tantas veces como consideres.
Pruébalo.


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