1. Nos ayudan a mantenernos bien hidratados.
2. Frutas y verduras son fuente casi exclusiva de vitamina
C. Por lo que se recomienda que las consumas a diario, procurando al menos que
una de las frutas del día sea de las más ricas en vitamina C (cítricos, kiwi,
melón, fresas, frutas tropicales…) y que una de las raciones sea una ensalada.
3. Son fuente de antioxidantes. Hablamos de colorantes,
aromas y otros compuestos naturales como las vitaminas C, E y el beta-caroteno
o pro-vitamina A. Aunque están presentes en cantidades muy pequeñas, influyen
decisivamente en la aceptación y apetencia por estos alimentos y se sabe con
certeza que nos protegen frente a ciertas enfermedades, entre ellas las
degenerativas, las cardiovasculares y el cáncer.
4. Ricas en fibra. La fibra ayuda a regular nuestra función
intestinal, a corregir el estreñimiento y posee efectos beneficiosos en la
prevención y tratamiento de otros trastornos como hipercolesterolemia,
diabetes, obesidad, etc. Si elaboras un puré y lo pasas por el chino, no
olvides que la mayor parte de la fibra de las hortalizas y verduras desaparece.
5. Nos ayudan a eliminar el exceso de líquidos. Contienen
poco sodio y mucho potasio, lo que fuerza a nuestro cuerpo a eliminar el exceso
de líquidos junto con las sustancias de desecho por la orina.
6. Apenas tienen grasa. La cantidad de grasa que presentan
la mayoría de hortalizas y frutas es inapreciable, salvo para el aguacate y las
olivas (ricos en ácido oleico, como el aceite de oliva).
7. Disfrútalas en cualquier época del año. Y aprovéchate en
cada momento de las propias de cada estación, ya que están en su mejor momento.
8. Frutas: una dulce golosina. Las frutas tienen un
agradable sabor dulce puesto que contienen azúcares (fructosa, glucosa,
sacarosa…). ¡Aprovéchalo y saboréalas al natural y sin necesidad de endulzarlas
con azúcar u otros edulcorantes! Además, recuerda que constituyen un buen
tentempié a cualquier hora. De hecho, puedes incluirlas para completar el
desayuno, como parte del almuerzo y de la merienda, y tanto antes como después
de las comidas…
9. Hortalizas y verduras: échale imaginación. No sólo puedes
incluirlas en las principales comidas del día, recuerda que aportan un toque
muy sabroso y jugoso a bocadillos y sándwich para tomar en cualquier momento.
Pan con rodajas o pulpa de tomate, un poquito de aceite y jamón, o sándwich
vegetal con atún, son algunas ideas para que tú y los tuyos os beneficiéis aún
más de sus múltiples propiedades.
10. Prueba con originales recetas, lo admiten casi todo.
Como mejor conservan sus propiedades tanto las frutas como las verduras es si las
comes crudas. Si quieres reducir la pérdida de vitaminas, para las frutas
tienes dos opciones: conservar la piel, lavándolas muy bien bajo el agua del
grifo, o realizar un pelado poco profundo. Ya sea crudas y al natural, que
cocidas, asadas o en brochetas, resultan deliciosas. Pero quizás quieras probar
con algo más atrevido… ¿Qué tal un flan de espinacas con gambas, un plato de
lomo de cerdo a la naranja con escarola, o un solomillo con pera cocida en
salsa de hongos? Anímate y prueba a combinar frutas y verduras con todo tipo de
alimentos puesto que lo admiten casi todo.

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