Nunca subestimes el poder del pensamiento positivo, aunque
esto pueda parecer una solución demasiado simple o hasta estúpida para un
problema (el verdadero problema yace en poder sostener el pensamiento positivo
e intencionado por una buena cantidad de tiempo).
Los optimistas se recuperan más rápido de los procedimientos
quirúrgicos, tienen sistemas inmunológicos más sanos, viven más en general y en
especial cuando padecen enfermedades como el cáncer o fallo del riñón.
En cambio el pensamiento negativo y la ansiedad son
importantes causas de enfermedades. El estrés —expresado como la creencia de
que estamos en riesgo— detona vías fisiológicas como la respuesta de correr o
pelear.
Éstas han evolucionado para protegernos en situaciones extremas, pero
cuando se encienden por periodos prolongados incrementan el riesgo de padecer
diabetes o demencia. Así que tranquilo, nada va a pasar si no crees que va
pasar. A menos de que haya un (hambriento) tigre dientes-de-sable sentado a
lado de tu escritorio, no te preocupes, no es tan importante lo que estás
haciendo.
Científicos empiezan a descubrir que las creencias positivas
no solo funcionan aplacando el estrés. Sentirse sano y salvo, o creer que las
cosas saldrán bien, ayuda al cuerpo a mantenerse y repararse. Un estudio
reciente concluyó que los beneficios del pensamiento positivo ocurren de manera
independiente de los estados negativos, como el pesimismo y el estrés, y son
comparables en magnitud. Así que no sólo no pienses negativo, piensa positivo,
si es que estás vivo, porque así te sentirás mejor.
La bondad psicofísica del optimismo se traduce en la
reducción de los niveles de inflamación y de hormonas de estrés como el
cortisol. También puede estimular el sistema nervioso parasimpático, el cual
gobierna la respuesta de “descansar y digerir”, opuesta a “correr y pelear” (a
veces traducida como “huir y luchar”).
Tan útil como ver positivo el futuro es verte a ti mismo de
manera favorable. Autoaumentarte —en un conjuro de placebo narcisista— hace que
se tengan menos respuestas cardiovasculares al estrés, te recuperes más rápido
y que tengas niveles más bajos de cortisol.


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